Vania propone una nueva lectura del clásico de Chéjov, que expone en forma descarnada la superficie de un cotidiano tumultuoso. Acá se mezclan la confesión de los anhelos, la necesidad de cambiar todo lo que se vuelve insoportable y la decepción que, con maestría silenciosa, arrastra los cuerpos astillados hacia el espejismo del deseo.

Especialmente invitado por la Fundación Teatro a Mil, Guillermo Cacace dirige esta versión experimental de Vania, con un elenco íntegramente compuesto por actrices y actores de Antofagasta.

Aquellos que vayan a sucedernos dentro de cien o doscientos años, y para los que ahora abrimos el camino ¿tendrán para nosotros una palabra buena? No la tendrán”.


Texto de Antón Chéjov | Una producción de Fundación Teatro a Mil | Dirección: Guillermo Cacace | Adaptación dramatúrgica: Juan Ignacio Fernández | Asistencia de dirección: Pamela Trujillo Gallardo | Elenco: Paola Lattus, Dolores Reina, Francisco Diaz, Alejandro Pino y Raúl Rocco | Diseño sonoro: Amaro Esquivel | Diseño iluminación: Claudio Ortiz | Diseño escénico: Isabel Gual | Video: Patricio Farías | Fotografías: Patricio Báez.

Sobre la obra:

En una apartada finca, el tiempo transcurre lento, marcado por el trabajo y una resignada melancolía. La vida de Iván Petróvich Voinitski, el tío Vania, y su sobrina Sonia ha sido un sacrificio silencioso: durante décadas han administrado la propiedad con austeridad para sostener la carrera de Serebriakov, un célebre profesor de arte, padre de Sonia y exmarido de la difunta hermana de Vania. Para ellos, el profesor representa un ideal de cultura y genialidad que justifica su existencia gris. Todo se desequilibra con la llegada de Serebriakov y su nueva y bella esposa, Elena. Su presencia rompe la monotonía de forma magnética y destructiva. La ociosa rutina del profesor y la belleza indolente de Elena actúan como un espejo cruel para los demás habitantes, desatando las pasiones y frustraciones contenidas por años.

Vania, al ver al hombre que idolatró como un anciano egoísta y mediocre, despierta a la dolorosa realidad de que ha desperdiciado su vida en vano. Su admiración se convierte en un rencor profundo, y su corazón se inflama en un amor imposible por Elena. A este torbellino se suma Astrov, el médico rural, un hombre de ideas visionarias sobre la conservación de los bosques, pero consumido por el cinismo y el alcohol. La tensión escala hasta que una propuesta de Serebriakov, tan práctica como insensible, provoca que la desesperación de Vania estalle en un acto de violencia trágico e inútil, sellando para siempre el destino de todos.

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